El placer y la ciencia

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Hay quienes sitúan la seriedad o gravedad de la ciencia al mismo nivel que su trascendencia social, como si únicamente mereciera reconocimiento científico lo que se hace con el ceño fruncido. Sin embargo, los científicos más importantes de la historia no habrían conseguido sus grandes conquistas sin el estímulo de alguna forma de placer. Uno de los genios del siglo veinte, Alexander Fleming, priorizó la investigación pero nunca se ciñó a una sola actividad ni se dejó absorber sicológicamente por sus proyectos de laboratorio. Al contrario, dedicó mucho tiempo a sus aficiones: disfrutaba de los paseos por el campo, la fotografía, la pintura y el teatro, pero, sobre todo, era amante de muy diversos deportes que practicó con mayor o menor fortuna: la natación, el tiro al arco, la pesca, el golf y el billar Snooker, entre otros. El deporte en particular es juego, reto, competencia, manifestación de la voluntad y de la creatividad. O sea, el deporte es una de las formas incuestionables de contribuir a la felicidad.